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EN CHINA ESTÁN PERSONALIZANDO LAS REDES DE AUTOBUSES “A LA FUERZA”

China no es un país donde el autocar sea un modo de transporte precisamente minoritario. Todo lo contrario, constituye un pilar fundamental en las comunicaciones del país. Eliminarlo supondría dejar aislados a cientos de millones de chinos que pueblan las vastas zonas rurales del país que recurren a este medio a diario.

De ahí que en los últimos tiempos esos chinos hayan terminado imponiendo una democracia, que podríamos calificar de “2.0”, a las redes de autobuses locales, democracia que, por cierto, está trayendo de cabeza a las autoridades. Y es que se ha popularizado la tendencia de arrancar las paradas de los sitios donde se programaron en su día para plantarlas en aquellos lugares donde los ciudadanos entienden que satisfacen mejor a sus necesidades de transporte.

Esta forma de decisión ciudadana que apela a un sentido más igualitario del transporte ha traído un debate muy provechoso a la esfera pública china. Por una parte, se sabe de sobra que el retrato robot de vandálico coincide con una persona mayor frecuentemente enfadada por la distancia entre las paradas de autobuses y algunos núcleos de población. Se quejan de que no se haya pensado en ellos a la hora de establecer los recorridos dentro de la red, obligándoles muchas veces a desplazarse en malas condiciones. Por eso, muchos han decidido actuar en consecuencia.

En el otro extremo están las autoridades que tratan de paliar esta moda con amenazas, apelando al civismo y señalando que estas costumbres rurales están generando mucha confusión, especialmente en los conductores de autocares. Estos no tienen más remedio que someterse a esta nueva dictadura del pasajero, y es que  ellos son en el fondo los que más parecen comprender a los viajeros.

En cierta medida, los chinos se están adelantado de forma manual a otras posibilidades que la tecnología ofrece en los últimos tiempos. Tal es el caso de algunos programas de ciudades europeas que están consiguiendo personalizar el transporte público en favor de sus ciudadanos, y economizar así recursos.  El asunto es complicado pues, ¿quién no se ha encontrado alguna vez con alguna parada de autobús en mitad de la nada, mientras que en otra zona, superpoblada, tenemos que caminar? Y extendiendo la cuestión, ¿quién no se ha quejado alguna vez de la modificación y/o reducción de horarios de líneas?